Calabaza: un complemento valioso en la dieta del perro

La calabaza puede ser un complemento nutricional valioso en la dieta de su perro. ¿Sabe cómo ofrecérsela para que sea segura para el aparato digestivo de su mascota?

La calabaza es una hortaliza muy popular con la que preparamos todo tipo de platos, normalmente asados o cocidos, sobre todo en otoño, cuando es fácil encontrarla. Existen muchas variedades de calabaza adecuadas para distintos métodos de preparación. Cuando cocinamos para nosotros, a menudo nos preguntamos si podemos compartir algún ingrediente con nuestro animal. Entonces, ¿puede incluirse la calabaza en el comedero del perro?

Valor nutricional de la calabaza

Como ingrediente de origen vegetal, la calabaza puede ser un complemento valioso de una dieta BARF. Sin embargo, para no perjudicar al perro, ofrézcala solo de vez en cuando y no la utilice nunca como sustituto de suplementos o medicamentos prescritos de forma individual. La calabaza se compone principalmente de agua, por lo que hace que la comida preparada sea más húmeda. Es fácil de digerir, pero, como ocurre con cualquier ingrediente nuevo, se recomienda introducirla poco a poco y de forma gradual para descartar una intolerancia. La calabaza aporta fibra alimentaria, que favorece el funcionamiento intestinal y ayuda a mantener una consistencia normal de las heces. Contiene betacaroteno, precursor de la vitamina A, que contribuye a la salud de la piel, al sistema inmunitario y a una visión normal. Su contenido en potasio favorece el funcionamiento de los músculos y del sistema nervioso. También aporta vitaminas E y C, que actúan como antioxidantes y ayudan a proteger las células frente al estrés oxidativo. Es una hortaliza baja en calorías y con muy poca grasa, por lo que puede ofrecerse a animales con sobrepeso. Sin embargo, no aporta las proteínas que el perro necesita en su alimentación diaria; la carne debe seguir siendo la base de la comida.

¿Cómo debe ofrecerse la calabaza?

Para que la calabaza sea un complemento seguro para su perro, ofrézcala solo de manera ocasional y en pequeñas cantidades como parte de una comida. La cantidad exacta depende del peso corporal y de la tolerancia individual. Inclúyala siempre en el balance global de la dieta. Observe al perro por si aparece algún síntoma preocupante. Ofrézcale únicamente calabaza, sin sal, azúcar ni otros condimentos. No debe freírse; lo mejor es cocerla en agua o al vapor y triturarla hasta obtener un puré. Si compra puré ya preparado, revise la lista de ingredientes. No debe contener ningún aditivo, como edulcorantes; por ejemplo, el xilitol, que puede provocar una intoxicación. No comparta con su perro tortitas, tarta ni bizcocho de calabaza. También conviene examinar el aspecto de la calabaza cruda. Si lleva demasiado tiempo almacenada, parece estropeada o presenta moho, deséchela entera de inmediato. Tampoco es apta para el consumo una calabaza de sabor amargo, ya que puede contener concentraciones elevadas de cucurbitacinas nocivas. Si se ingieren en grandes cantidades, pueden causar signos gastrointestinales de intoxicación, como vómitos o diarrea. Si su perro padece alguna enfermedad del estómago, el hígado o los intestinos, consulte con un veterinario antes de ofrecerle calabaza, especialmente por su contenido en fibra.

La calabaza en el aparato digestivo del perro

El efecto de la calabaza sobre el aparato digestivo depende de su contenido en fibra y de la cantidad ofrecida. Se ha observado que, como fuente rica en fibra alimentaria, la calabaza favorece una consistencia normal de las heces, aumenta su volumen y contribuye a una motilidad intestinal normal. La fibra puede resultar beneficiosa en casos de diarrea, estreñimiento, diabetes o un exceso de grasa corporal. También produce sensación de saciedad, algo especialmente importante durante una dieta de adelgazamiento. Sin embargo, la calabaza nunca debe ser la única fuente de fibra del perro, ya que habría que ofrecer una cantidad elevada, lo que resultaría desfavorable para su organismo. Esto podría limitar la absorción de algunos nutrientes de los alimentos, como las proteínas, y provocar carencias. En estudios con perros que recibieron una mezcla de inulina, psilio y calabaza se observó un aumento de las bacterias probióticas beneficiosas en el tubo digestivo.

¿Y las semillas?

Debido a su alto contenido en grasa, las semillas de calabaza son muy calóricas. No obstante, contienen ácidos grasos insaturados beneficiosos, vitamina E, zinc, fósforo, hierro y magnesio. Ofrézcalas de forma segura: deben estar secas, peladas y, preferiblemente, trituradas y mezcladas con el alimento para reducir el riesgo de atragantamiento. Es mejor utilizarlas como complemento ocasional. En las dietas caseras también se emplea a veces aceite de semillas de calabaza como suplemento, principalmente para ayudar a mantener la piel y el pelaje, así como las vías urinarias y la próstata, sobre todo en perros mayores (como medida de apoyo).

Fuentes:

  1. National Research Council. (2006). Nutrient requirements of dogs and cats. The National Academies Press. https://doi.org/10.17226/10668
  2. U.S. Department of Agriculture, Agricultural Research Service. FoodData Central. https://fdc.nal.usda.gov/
  3. Spears, J. K., & Beloshapka, A. (2024). Evaluation of pumpkin and inulin using canine- and feline-specific intestinal in vitro fermentation assays. Journal of Veterinary Internal Medicine, 38(1), 530. https://doi.org/10.1111/jvim.16913
  4. Freeman, L. M. (2017, September 1). The problem with pumpkin. Petfoodology, Cummings School of Veterinary Medicine at Tufts University.