La importancia del yodo en la dieta del perro

El papel del yodo en el organismo del perro. Causas y síntomas de la deficiencia y el exceso de este oligoelemento. Fuentes mediante las cuales se puede aportar yodo en la dieta.

El yodo es un oligoelemento, lo que significa que el organismo del perro lo necesita en cantidades mínimas. A pesar de ello, su papel es de una importancia incalculable. La carne y las vísceras por sí solas no son suficientes en una dieta BARF para cubrir las necesidades de este elemento, por lo que generalmente es necesario suplementarlo, preferiblemente con preparados basados en ingredientes de origen natural. Es importante recordar siempre que se debe calcular con precisión la dosis adecuada para nuestro perro conforme a las directrices de FEDIAF y las normas NRC, ya que tanto el exceso como la deficiencia de yodo pueden ser peligrosos para la salud.

¿Qué funciones desempeña el yodo?

El yodo es, ante todo, un componente de las hormonas tiroideas, como la tiroxina (T4) y la triyodotironina (T3). Estas hormonas desempeñan muchas funciones importantes en el organismo. Son responsables de una termorregulación adecuada y regulan el metabolismo. Su papel en los procesos reproductivos es indispensable. También participan en el funcionamiento de los sistemas circulatorio y muscular. Tienen una gran importancia en los animales jóvenes, ya que garantizan un crecimiento adecuado y un correcto desarrollo tanto físico como mental. Esto está relacionado con su efecto sobre la hipófisis y las gónadas. También son necesarias para la diferenciación y la maduración de los tejidos. Asimismo, el yodo ayuda a mantener la piel y el pelaje en buenas condiciones.

Regulación de la concentración en la sangre

La glándula tiroides capta yodo regularmente mediante transporte activo. Gracias a este mecanismo, cuando el aporte es adecuado, su suministro se mantiene en un nivel más o menos constante, aunque el contenido de yoduros en el plasma sanguíneo sea variable. La hormona estimulante de la tiroides (TSH), liberada por la hipófisis, también participa en la regulación de la captación de yodo por las células tiroideas. Además, la acción de las hormonas tiroideas está controlada por neurotransmisores, hormonas y enzimas en el sistema nervioso central, la hipófisis, el sistema circulatorio y los tejidos periféricos.

¿Es necesaria la suplementación?

Las necesidades de yodo dependen del estado fisiológico y de la dieta del perro. Aumentan en las perras durante la lactancia, debido a que el organismo elimina aproximadamente el 10% del oligoelemento a través de la leche. En lo que respecta a la dieta, el aporte de yodo debe ser mayor cuando esta contiene una cantidad relativamente elevada de sustancias bociógenas (los llamados goitrógenos), que dificultan la absorción del yodo y alteran el funcionamiento de la tiroides. Estas sustancias están presentes en los guisantes, los cacahuetes, la soja y las semillas de lino. La suplementación con yodo también suele estar indicada cuando existe un exceso de determinados minerales en la dieta, como arsénico, bromuros, fluoruros, cobalto, potasio, calcio o manganeso. La cantidad adecuada de yodo que necesita nuestro animal se determina mejor a partir de las directrices de FEDIAF y las normas NRC. En el caso de animales enfermos, lo más recomendable es consultar a un veterinario para evitar el riesgo de efectos adversos derivados, por ejemplo, de interacciones con otros suplementos o medicamentos. Al añadir yodo a la dieta es fácil exceder la dosis, ya que a menudo se utilizan preparados de origen natural, generalmente a base de algas Kelp, en los que la concentración del elemento puede variar entre lotes. Esto depende, entre otros factores, del momento o el lugar de recolección, del grado de contaminación de la masa de agua o de la parte del organismo de la que procedan. Por ello, siempre se debe leer detenidamente la composición indicada en el envase.

Fuentes en la dieta

La carne y las vísceras son fuentes moderadas de yodo en la dieta y, por sí solas, no bastan para cubrir las necesidades. Los pescados marinos, los huevos y la sal yodada son fuentes más ricas. Es muy frecuente administrar suplementos a base de algas marinas Kelp, que tienen un contenido de yodo muy elevado pero también variable, como se ha mencionado anteriormente.

¿Qué provoca un contenido insuficiente de yodo en la dieta?

La deficiencia de yodo en la dieta altera el funcionamiento de la tiroides y provoca una producción insuficiente de las hormonas T3 y T4, lo que supone hipotiroidismo, una afección diagnosticada con bastante poca frecuencia en perros. Sin embargo, puede aparecer en perros alimentados con una dieta BARF sin suplementación o con una suplementación inadecuada, y se han confirmado casos de este tipo. En esos casos se observó un aumento bilateral de los lóbulos tiroideos y un ligero incremento del peso corporal. Tras garantizar un aporte adecuado de yodo en la dieta, la tiroides recuperó su función normal. Una cantidad insuficiente de yodo en la dieta de una perra gestante o lactante puede causar trastornos del desarrollo en la descendencia.

¿Es posible administrar una sobredosis de yodo?

Lamentablemente, cuando la suplementación se administra sin el debido cuidado, es fácil provocar una sobredosis de yodo. Una concentración demasiado elevada también puede causar trastornos funcionales de la tiroides e hipotiroidismo. Los síntomas no siempre son perceptibles de inmediato. Dependen de la edad y del estado de salud del animal, así como de la dosis y del tiempo durante el cual el organismo haya estado expuesto al exceso de yodo. Entre ellos se encuentran la apatía, la disminución de la actividad, un aumento del peso corporal no relacionado con la dieta y una menor tolerancia al frío. El estado del pelaje empeora. Una sobredosis de yodo puede ser especialmente peligrosa en cachorros, cuyo sistema hormonal es muy sensible.

Fuentes

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  3. Castillo, V. A., Lalia, J. C., Junco, M., Sartorio, G., Márquez, A., Rodriguez, M. S., & Pisarev, M. A. (2001). Changes in thyroid function in puppies fed a high iodine commercial diet. The Veterinary Journal, 161(1), 80–84.